Tras tu presencia estérea…
Tras tu presencia estérea ajada en lejanía
presiento por panal impedido un surtidor
fluyendo en laberínticos ductos de dolor
hasta el alvêolo fracto por el que fugaría.
Su torrente estocástico de licor crüento
tapiza de cristal y coral una planicie
con sólo una onda yerma, sin pez que la acaricie
ni cielo con escamas verdes que meza el viento.
Se adelanta el espacio y el tiempo se contrae,
tu morada te muestra ruinas, un muro ajeno
o un vacío; no estás, y el lugar se te sustrae,
al par que, gota a gota, subrepticio veneno
de la clepsidra cae, los perfiles necrosa
y confunde en la imagen con que el alma reposa.